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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Ante la llegada de un nuevo año




Por: Ramón Antonio  Veras.

I.- El nuevo año y lo que recibimos
1.- El calendario gregoriano, al llegar el mes de diciembre avisa a las dominicanas y  dominicanos,  la fiesta de la navidad; la conclusión del año que transcurre, que se avecina uno nuevo que  es  esperado, por muchos, con optimismo; y con  la esperanza de que será mejor que el que quedó atrás; el pasado sólo ha de servir como referencia.
2.- Aunque todavía desconocido, el nuevo año debemos esperarlo como al principiante que viene cargado de confianza y muchas  cosas venturosas.
3.- A la espera del nuevo año no debemos hacer cálculos de pesares, pesimismo y lamentos,  ni  reeditar penurias y catástrofes; tenemos que pensar en forma positiva, aislando todo lo dañino que pueda contaminar lo bonito que han de venir los próximos doce meses.
4.- Debemos hacer un ejercicio mental minucioso de lo que, hasta ahora, hemos hecho o dejado  de hacer para disfrutar, material y espiritualmente, de un mejor país; de una convivencia llevadera, sin agravios, ultrajes y vejaciones de todo tipo.
5.- Al recibir el nuevo año tenemos que hacer  un alto en el camino, y razonar en el sentido de que no hemos cumplido con el rol de hombres y mujeres de bien para la comunidad; pero en lo adelante reflexionaremos positivamente, contribuyendo con nuestras actuaciones para dar ejemplo de que hemos cambiado, de ser  personas que tratamos a los demás con acritud y acerbidad, y en el nuevo año seremos diferentes, porque nuestro comportamiento va a ser de dulzura y amabilidad.
6.- El nuevo año que se aproxima debe  servirnos de motivación  para reflexionar en el sentido de que no podemos comportarnos como testigos indiferentes ante hechos aberrantes que ponen en entredicho a la especie humana, y su deseo de vivir en un ambiente propio de seres humanos civilizados.    
7.- Lamentablemente, el nuevo año lo vamos a recibir con un ambiente convulsionado por guerras regionales; con almacenes de ojivas  nucleares;  amenaza permanente del terrorismo;  notoria presencia del narcotráfico y su secuela de criminalidad; incidencia de prejuicios por cuestiones de raza, color, ideología y preferencia sexual; millones de seres humanos con hambre y analfabetos; el fenómeno de la corrupción desnaturalizando el accionar político decente y democrático; un centro de torturas dirigido por el país más poderoso del mundo actual, en fin, el estatuto colonial de Puerto Rico, que son hechos que deben repugnar y preocupar a todos los hombres y mujeres sensibles.

II.- En el nuevo año debemos de ser mejores ante nuestros semejantes
8.-  En un mundo cada  día  más dominado por pequeñeces que  afectan al ser humano, se debe sentir bien aquel que dispensa un trato agradable a los demás. Resulta afortunado quien recibe expresiones oportunas que motivan felicidad, cuando otros son víctimas de gestos desagradables.
9.-  La naturaleza sensitiva de las personas contribuye a que  el trato bondadoso sea recibido con alegría; mientras que, por el contrario, produce disgusto, enfado, el ultraje; sentirse ofendido hace al ser humano infeliz, y lo lleva a reaccionar mal.
10.- Al oído de los seres humanos llegan bien las palabras delicadas, dirigidas con dulzura, y más en los momentos difíciles. Escuchar expresiones de  aliento, hacen desaparecer cualquier signo de pesar que pueda afligir o mortificar. Una persona lastimada requiere escuchar bellas expresiones para elevar su estado de ánimo y cualquier desazón.
11.- Debemos mandar a los demás señales  de aliento cargadas de exhortación al regocijo; hacer divertida el alma de quien precisa llenar el espíritu de lo bonito, que sólo puede aportar quien tiene sensibilidad, y se preocupa por la felicidad de otro.
12.- Una frase fea lleva a quien se le dirige a cambiar su estado de alegría a tristeza; de ahí que el lenguaje debe ser utilizado con suma prudencia para no estropear los sentimientos de quien sólo merece gestos exquisitos transmitidos con dulzura.
13.- No sólo físicamente se agrede a otro; una actitud de indiferencia, de desprecio, entraña una lesión; un desaire pesa en la conciencia de un hombre o mujer  digna; el menosprecio es inaceptable para una persona de vergüenza.
14.-  Demuestra indolencia aquel que en forma consciente trata con desdén a sus relacionados, amistades y amigos; un desaire hacia una persona sana y de buen proceder, es un golpe en su corazón. Una desatención, una dejadez ante el requerimiento de una amiga o amigo, es una señal de falta de distinción que daña la relación entre personas que, se supone, se tienen afecto y respeto mutuo, porque en lo adelante los vínculos afectivos ya no serán los mismos.
15.- El trato tosco hacia una persona acreedora de respeto por su comportamiento de bien, constituye una ofensa, un oprobio que sólo es dirigido por quien busca reducir a los demás  por medio del ultraje.
16.- Todo aquel que se respeta, y no acepta ofensas gratuitas, debe proceder en todo momento con mucho tacto para no permitir una agresión por  muy leve que sea; una torpeza, una inobservancia, puede llevar a un abusador a reincidir en sus ofensivas actuaciones. No se puede caer en debilidad ante el bellaco y rudo


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