Artículo publicado el miércoles 9 de Julio de 2014 en el periódico HOY y en los portales de Acento y Noticias SIN
Debería avergonzar a los políticos dominicanos hablar de reelección. La favorecen cuando les conviene y la rechazan cuando no.
Repetiré aquí lo que he dicho y escrito en diversas ocasiones: no hay sistema de reelección perfecto; todos tienen ventajas y desventajas; por lo tanto, los argumentos a favor o en contra dependen fundamentalmente de las conveniencias para determinado grupo politico.
Existen diferentes sistemas de reelección y en República Dominicana se han utilizado varios de ellos en los últimos 50 años.
La Constitución Dominicana de 1966 estableció la reelección indefinida y consecutiva. Este sistema tiene la ventaja de que siempre deja en manos del electorado la decisión de la elección, pero la desventaja de que facilita el uso y abuso de los recursos públicos porque un presidente puede manufacturar directamente sus propios triunfos. Este sistema benefició a Joaquín Balaguer.
La Constitución de 1994 estableció la reelección indefinida no consecutiva con un período de receso. El propósito fue impedir que Joaquín Balaguer se repostulara después de las disputas electorales de ese año. Esta modalidad se reintrodujo en la Constitución de 2010 para que Leonel Fernández pueda repostularse en el futuro. La ventaja principal de este sistema es que el presidente no puede manufacturar su propia reelección porque no es consecutiva, y permite cierta alternabilidad. La desventaja principal es que limita el surgimiento de potenciales candidatos presidenciales, ya que los ex presidentes pueden querer volver y cuentan con una ventaja acumulada.
La Constitución de 2002 estableció la reelección inmediata y nunca jamás. Este sistema tiene la ventaja de que la ciudadanía pueda reelegir por un período inmediato a un presidente popular, y además, contribuye a erosionar el caudillismo. La desventaja principal es que impide que un presidente con una buena gestión pueda repostularse después de agotar un segundo mandato.
Además de estos tres sistemas de reelección que se han establecido en República Dominicana en los últimos 50 años, hay otras tres modalidades.
Una es la reelección indefinida no consecutiva con dos períodos de receso. Este sistema tiene la ventaja de que permite la repostulación de un presidente pero no en breve tiempo, con lo cual se facilita el surgimiento de nuevos candidatos. La otra es permitir una repostulación inmediata y luego dos períodos de receso. Este sistema tiene la ventaja de que un buen presidente puede optar por una respostulación inmediata, y una vez cumplido ese ciclo, la espera de dos períodos facilita el surgimiento de otros candidatos. Finalmente, la reelección puede estar totalmente prohibida.
Los argumentos para justificar un sistema u otro de reelección no tienen resolución objetiva; dependen del interés y las posibilidades de los políticos en una coyuntura específica.
En República Dominicana, el tema de la reelección se ha convertido en un relajo, tal cual sucede en estos días en que el asunto se discute nuevamente por la alta aprobación del presidente Danilo Medina. Pero si el presidente Medina registrara una baja aprobación, entonces se estaría valorando que no exista actualmente la repostulación inmediata.
Las reglas del sistema político no pueden estar sujetas a los intereses particulares o a los vaivenes del momento político. En la Constitución de 2010 se abolió la reelección consecutiva y el nunca jamás a favor de la reelección no consecutiva, de manera que Leonel Fernández pueda respostularse y Miguel Vargas decir que pactó la no reelección.
Ahora hay que aprender a convivir con ese sistema, no porque sea el mejor, no lo es, sino porque la institucionalidad política no debe ser un capricho ni un relajo, ni siquiera estar sometida a la popularidad de un presidente.
Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/la-
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Quien podría imaginar, veinte años atrás, que uno de los cuentos de Juan Bosch, fundador y guía del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), serviría para definir uno de los hechos más bochornoso e inaceptable del ejercicio político en nuestro país.
No es para menos, hoy el PLD reúne su más alto órgano de dirección, el Comité Político (C.P.) donde la mayoría de sus integrantes, lamenta el siniestro por encargo, ya que según afirman, pudieron evitar el acto de sicariato perpetrado por el Alcalde de Bayaguana, miembro del PLD, contra su compañero de partido y regidor del mismo ayuntamiento, la alta dirección del PLD reconoce en su lamento, que han descuidado la gestión de gobierno encabezadas por compañeros/as de partido en diversas localidades del país.
Bayaguana se precipita sobre todo el sistema de partidos en República Dominicana como una espada de Damocles, dejando visible la aptitud gansteril imperante en las cúpulas partidarias, donde la posibilidad de ser candidata/o a cualquier cargo, dentro del partido o a algún puesto en el gobierno, se decide por la cantidad de recursos que aporte el aspirante, sin importar el origen de estos dineros.
El PLD deambula hoy entre mansiones y “palacios” cargando con su lamento de servir de ejemplo de lo peor, como si quisieran tararear su propio estribillo, parafraseando al cantautor Anthony Ríos “Tengo una mancha en el centro del partido como del tamaño de Bayaguana” y esa mancha se extiende por todo el país, hoy nadie está seguro, cualquier celo nos convierte en víctima del sicario contratado por mi compañero de trinchera.
Quien diría que el deseo de renegar a Juan Bosch, con su prédica moralizante y del ejercicio ético de la política a través del PLD serviría para que el maestro, el Profesor, se reafirme hoy, a través de la tragedia de Bayaguana, como para recordarle a su discipulado que nunca debieron quitarse la cabeza y dejarla en la entrada del salón con alfombras rojas.
@miguelcid1