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lunes, 29 de junio de 2015

Concentración contra los feminicidios en Los Ciruelitos Santiago


Concentración contra los feminicidios en Los Ciruelitos Santiago
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Parte de las mujeres que marcharon ayer en Los ciruelitos, Santiago contra los feminicidios.

 SANTIAGO.-Decenas de jóvenes se concentraron a orilla de la avenida Estrella Sadhalá, a su paso por el sector Los Ciruelitos, con el objetivo de sensibilizar a los hombres dominicanos sobre el tema de la violencia contra la mujer.
   
Entre los manifestantes, unos coreaban consignas, otros portaban pancartas en las que decían: "Ni una más", "Basta de feminicidio", "Basta ya", "Stop", "Ellas podrían ser tú hermana", "No seas cobarde", "Amala", "Apóyala", "Cuídala" y otros mensajes.
   
"De alguna manera el hombre debe de entender que una mujer no es simplemente un objeto que pueden usar", manifestó Maciel Ureña.
   
Coincidieron otras participantes en la concentración, al asegurar que se necesita definir un plan que permita trabajar la violencia como elemento de prevención.
   
"En la mayoría de feminicidios ha habido ciertos descuidos de las autoridades, no pueden esperar que suceda una tragedia para actuar. De que me vale que hayan condenado al homicida si con eso no me van a devolver a mi ser querido", señaló Fanny Cruz.
   
Algunos choferes de vehículos que se desplazaban por el lugar hacían tocar sus bocinas en señal de apoyo a la jornada. Mientras que algunos ciudadanos que caminaban a pie por el lugar se mostraron incomodos por la obstrucción del paso peatonal.
   
Los manifestantes realizaron el pasado sábado la concentración, motivados por el horrendo crimen que fue víctima María Rosa Ventura, de 23 años de edad, ultimada de 17 puñaladas por su pareja sentimental., cuyo hecho ocurrió el pasado sábado 20 de este mes en el sector ensanche José Reyes, en esta ciudad.
   
En la manifestación participaron familiares y compañeros de estudios de María Rosa Ventura.

domingo, 28 de junio de 2015

Maestras y maestros ¿pensionados?l




THIRSA LUNA 


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Al acercarse el “Día del Maestro” recordamos con gran pesar la situación de miseria en que viven tantos maestros/as pensionados, quienes a pesar de su edad, de los largos años trabajando y de las enfermedades, tienen que continuar, ya sea ofreciendo tutorías o en colegios privados (si pueden y si son aceptados). En cualquier país del mundo reciben una pensión digna que les permite disfrutar del descanso al que tienen derecho, menos en República Dominicana, donde un maestro pensionado no puede ni siquiera alimentarse bien, porque la pensión que recibe no alcanza ni para la canasta familiar.
Se trata de consagrados maestros y maestras que han dedicado treinta, cuarenta y hasta sesenta años de su vida a la noble y hermosa tarea de enseñar, orientar y formar a la niñez y a la juventud dominicana.
Los que tienen familia y dependen de ella, sufren al pensar que después de trabajar durante tantos años no tienen el derecho de vivir de una pensión justa.
Pero… ¿Alguien se ha preocupado alguna vez por mejorar la suerte de los maestros pensionados?
Recordamos una antigua frase que dice: “Tiene más hambre que un maestro de escuela”. Siempre la clase magisterial fue mal pagada, marginada y todavía hoy son posiblemente los profesionales con más baja remuneración del país. Sin embargo ¿cómo no valorar la labor de un maestro? Muchos jóvenes hoy han decidido no estudiar pedagogía, a pesar de su vocación. Todos comprendemos el por qué.
Los maestros/as pensionados fueron de verdadera y probada vocación, hicieron de la enseñanza su vida misma, pero eso solo lo saben ellos y los estudiantes que pasaron por su manos.
Todos sabemos los lujosísimos sueldos que poseen muchos funcionarios del Estado, los cuales tienen tal vez cuatro, ocho años laborando y las fabulosas pensiones que por jubilación han recibido los que se han ido. Más toda suerte de privilegios, cuya labor jamás podrá ni igualar ni mucho menos superar la realizada por un maestro/a.
Los maestros pensionados merecen ser tratados con más respeto, apoyo, justicia y dignidad de parte del Ministerio de Educación y del Gobierno, y saber que con quince mil pesos no puede vivir dignamente nadie, y menos personas de la tercera edad, con problemas de salud y que dedicaron toda su vida a la escuela dominicana.
Las/los pensionados de hoy – los maestros de ayer- han sido quizás los que han trabajado en la época más difícil para un maestro dominicano, después de la revolución constitucionalista y de los siguientes años 60 y 70, que fue la época de las famosas movilizaciones de estudiantes, especialmente de liceos secundarios, que utilizaron esa forma de lucha para protestar y mostrar su inconformidad con el Gobierno de entonces, por el irrespeto a los derechos humanos y por las injusticias sociales. Estos jóvenes estudiantes, equivocados o no, en cuanto a su forma de lucha, tenían ideales patrios, eran auténticos al querer una sociedad más justa, que aún hoy, no llega.
Estas movilizaciones traían como consecuencia la inmediata llegada de la Policía Nacional, que llenaba de balas y bombas lacrimógenas los recintos escolares y calles aledañas y sobre todo el maltrato a profesores y estudiantes que metidos a empujones y macanazos en guaguas de la Policía eran llevados al Palacio de la Policía Nacional en calidad de detenidos. Esto ocurría tres o cuatro veces por mes.
¡Qué tiempos aquellos! Maestras desmayadas por los efectos de los gases lacrimógenos, a pesar de los frascos con vinagre y pañuelos blancos que ellos llevaban en sus carteras para contrarrestar esos efectos, pero que a veces de nada servían.
Sin embargo, al día siguiente, conscientes de su deber, todos los profesores/as asistían a sus aulas, con el mismo entusiamo, aunque sabían que en cualquier momento podía suceder otro incidente.
Hoy sabemos de casos de maestras que fueron pensionadas en gobiernos anteriores y a quienes se les ha rebajado hasta diez mil pesos de su pensión, sorpresivamente, sin explicación, en el Gobierno actual, posiblemente pensando que era mucho dinero para una maestra pensionada.
Otras que no han sido incluidos en INABIMA, como si nunca hubieran sido maestras, cuando van a sus oficinas o llaman les responden que sus pensiones no han sido incluidas por el Ministerio de Educación, que dependen del Ministerio de Hacienda.
¡Cuántos privilegios e iniquidades!
¡Cuánta indiferencia del Ministerio de Educación!
Sigamos esperando que se nos haga justicia.
Maestra/o pensionado: Parece que no importan tus esfuerzos para ofrecer lo mejor de ti, no importa que tu salud se deteriore más cada día, lo importante es la satisfacción que sientes por el deber cumplido, por tu entrega, por tu indiscutible y útil labor.
Nuestro querido Juan Luis Guerra, en su música dijo que “En el cielo no hay hospitales”, pero yo digo, que en el cielo SÍ HAY ESCUELA. En ellas tenemos ya un nombramiento oficial, todos lo que hicimos de la enseñanza nuestra vida y nuestra alegría, allí continuaremos siendo felices enseñando y con la mejor remuneración que maestro alguno pueda recibir en la tierra: la presencia de Nuestro Padre Celestial.
No vamos a terminar este artículo sin antes hacer un llamado al Sr. Presidente, cuya bandera ondea buscando hacer lo que que nunca se ha hecho, pues Sr. Presidente le brindamos en bandeja de humildad la oportunidad de casarse con la gloria en muchos hogares dominicanos, haciendo algo que verdaderamente nunca se hecho: “Dignificar al maestro pensionado”.

sábado, 27 de junio de 2015

Revelan carta de Juan Bosch de 1943 sobre el drama de Haití


En este artículo: Haití, Juan Bosch, República Dominicana
21 febrero 2010 | 8
juan-boschLa escritora dominicana Chiqui Vicioso nos hizo llegar a Cubadebate una carta del patriota y ex presidente de República Dominicana, Juan Bosch, enviada a los intelectuales Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui y Ramón Marrero Aristy, en la que les reclama dar trato digno a los haitianos: “Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir…”
La Habana,
14 de junio de 1943.
Mis queridos Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui y Ramón Marrero Aristy:
USTEDES SE VAN MAÑANA, creo, y antes de que vuelvan al país quiero escribirles unas líneas que acaso sean las últimas que produzca sobre el caso dominicano como dominicano. No digo que algún día no vuelva al tema, pero lo haré ya a tanta distancia mental y psicológica de mi patria nativa como pudiera hacerlo un señor de Alaska.
En primer lugar, gracias por la leve compañía con que me han regalado hoy; la agradezco como hombre preocupado por el comercio de las ideas, jamás porque ella me haya producido esa indescriptible emoción que se siente cuando en voz, en el tono, en las palabras de un amigo que ha dejado de verse por mucho tiempo se advierten los recuerdos de un sitio en que uno fue feliz. Acaso para mi dicha, nunca fui feliz en la República Dominicana, ni como ser humano ni como escritor ni como ciudadano; en cambio sufrí enormemente en todas esas condiciones.
Hoy también he sufrido…Pues de mi reunión con Uds. he sacado una conclusión dolorosa, y es ésta: la tragedia de mi país ha calado mucho más allá de donde era posible concebir: La dictadura ha llegado a conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer; si es que puede vencerse alguna vez. No me refiero a hechos concretos relacionados con determinada persona; no hablo de que los dominicanos se sientan más o menos identificados con Trujillo, que defiendan o ataquen su régimen, que mantengan tal o cual idea sobre el suceso limitado de la situación política actual en Santo Domingo; no, mis amigos queridos: hablo de una transformación de la mentalidad nacional que es en realidad incompatible con aquellos principios de convivencia humana en los cuales los hombres y los pueblos han creído con firme fe durante las épocas mejores del mundo, por los que los guías del género humano han padecido y muerto, han sufrido y se han sacrificado. Me refiero a la actitud mental y moral de Uds. – y por tanto de la mejor parte de mi pueblo – frente a un caso que a todos nos toca: el haitiano.
Antes de seguir desearía recordar a Uds. que hay una obra mía, diseminada por todo nuestro ámbito, que ha sido escrita, forjada al solo estimulo de mi amor por el pueblo dominicano. Me refiero a mis cuentos. Ni el deseo de ganar dinero ni el de obtener con ellos un renombre que me permitiera ganar algún día una posición política o económica ni propósito bastardo alguno dio origen a esos cuentos. Uds. son escritores y saben que cuando uno empieza a escribir, cuando lo hace como nosotros, sincera, lealmente, no lleva otro fin que el de expresar una inquietud interior angustiosa y agobiadora. Así, ahí está mi obra para defenderme si alguien dice actualmente o en el porvenir que soy un mal dominicano. Hablo, pues, con derecho a reclamar que se me oiga como al menos malo de los hijos de mi tierra.
Los he oído a Uds. expresarse, especialmente a Emilio y Marrero, casi con odio hacia los haitianos, y me he preguntado cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno; cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, sólo porque son hijos de otros. Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir…
Pero creo también – y espero no equivocarme – que Uds. sufren una confusión; que Uds. han dejado que el juicio les haya sido desviado por aquéllos que en Haití y en la República Dominicana utilizan a ambos pueblos para sus ventajas personales. Porque eso es lo que ocurre, amigos míos. Si me permiten he de explicárselo: El pueblo dominicano y el pueblo haitiano han vivido desde el Descubrimiento hasta hoy – o desde que se formaron hasta la fecha – igualmente sometidos en términos generales. Para el caso no importa que Santo Domingo tenga una masa menos pobre y menos ignorante. No hay diferencia fundamental entre el estado de miseria e ignorancia de un haitiano y el de un dominicano, si ambos se miden, no por lo que han adquirido en bienes y conocimientos, sino por lo que les falta adquirir todavía para llamarse con justo título, seres humanos satisfechos y orgullosos de serlo. El pueblo haitiano es un poco más pobre, y debido a esa circunstancia, luchando con el hambre, que es algo más serio de lo que puede imaginarse quien no la haya padecido en sí, en sus hijos y en sus antepasados, procura burlar la vigilancia dominicana y cruza la frontera; si el caso fuera al revés, sería el dominicano el que emigraría ilegalmente a Haití. El haitiano es, pues, más digno de compasión que el dominicano; en orden de su miseria merece más que luchemos por él, que tratemos de sacarlo de su condición de bestia. Ninguno de Uds. sería capaz de pegar con el pie a quien llegara a sus puertas en busca de abrigo o de pan: y si no lo hacen como hombres, no pueden hacerlo como ciudadanos.
Ahora bien, así como el estado de ambos pueblos se relaciona, porque los dos padecen, así también se relacionan aquéllos que en Santo Domingo igual que en Haití explotan al pueblo, acumulan millones, privan a los demás del derecho de hablar para que no denuncien sus tropelías, del derecho de asociarse políticamente, para que no combatan sus privilegios, del derecho de ser dignos para que no echen por el suelo sus monumentos de indignidad. No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la masa; No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante.
Pero así como en los hombres del pueblo en ambos países hay un interés común – el de lograr sus libertades para tener acceso al bienestar que todo hijo de mujer merece y necesita -,  en las clases dominantes de Haití y Santo Domingo hay choques de intereses, porque ambas quieren para sí la mayor riqueza. Los pueblos están igualmente sometidos; las clases dominantes son competidoras. Trujillo y todo lo que él representa como minoría explotadora desean la riqueza de la isla para sí; Lescot  y todo lo que él representa como minoría explotadora, también. Entonces, uno y otro – unos y otros, mejor dicho – utilizan a sus pueblos respectivos para que les sirvan de tropa de choque: esta tropa que batalle para que el vencedor acreciente su poder. Engañan ambos a los pueblos con el espejismo de un nacionalismo intransigente que no es amor a la propia tierra sino odio a la extraña, y sobre todo, apetencia del poder total. Y si los más puros y los mejores entre aquéllos que por ser intelectuales, personas que han aprendido a distinguir la verdad en el fango de la mentira se dejan embaucar y acaban enamorándose de esa mentira, acabaremos olvidando que el deber de los más altos por más cultos no es ponerse al servicio consciente o inconsciente de una minoría explotadora, rapaz y sin escrúpulos, sino al servicio del hombre del pueblo, sea haitiano, boliviano o dominicano.
Cuando los diplomáticos haitianos hacen aquí o allá una labor que Uds. estiman perjudicial para la República Dominicana, ¿saben lo que están haciendo ellos, aunque crean de buena fe que están procediendo como patriotas? Pues están simplemente sirviendo a los intereses de esa minoría que ahora está presidida por Lescot como ayer lo estaba por Vincent. Y cuando los intelectuales escriben – como lo ha hecho Marrero, de total motu proprio según él dijo olvidando que no hay ya lugar para el libre albedrío en el mundo – artículos contrarios a Haití están sirviendo inconscientemente – pero sirviendo – a los que explotan al pueblo dominicano y lo tratan como enemigo militarmente conquistado. No, amigos míos… Salgan de su ofuscación.
 Nuestro deber como dominicanos que formamos parte de la humanidad es defender al pueblo haitiano de sus explotadores, con igual ardor que al pueblo dominicano de los suyos. No hay que confundir a Trujillo con la República Dominicana ni a Lescot con Haití. Uds. mismos lo afirman, cuando dicen que Lescot subió al poder ayudado por Trujillo y ahora lo combate. También Trujillo llevó al poder a Lescot y ahora lo ataca. Es que ambos tienen intereses opuestos, como opuestos son los de cada uno de los de sus pueblos respectivos y  los del género humano.
Nuestro deber es, ahora, luchar por la libertad de nuestro pueblo y luchar por la libertad del pueblo haitiano. Cuando de aquél y de este lado de la frontera, los hombres tengan casa, libros, medicinas, ropa, alimentos en abundancia; cuando seamos todos, haitianos y dominicanos, ricos y cultos y sanos, no habrá pugnas entre los hijos de Duarte y de Toussaint, porque ni estos irán a buscar, acosados por el hambre, tierras dominicanas en qué cosechar un mísero plátano necesario a su sustento, ni aquéllos tendrán que volver los ojos a un país de origen, idioma y cultura diferentes, a menos que lo hagan con ánimo de aumentar sus conocimientos de la tierra y los hombres que la viven.
Ese sentimiento de indignación viril que los anima ahora con respeto a Haití, volvámoslo contra el que esclaviza y explota a los dominicanos; contra el que, con la presión de su poder casi total, cambia los sentimientos de todos los dominicanos, los mejores sentimientos nuestros, forzándonos a abandonar el don de la amistad, el de la discreción, el de la correcta valoración de todo lo que alienta en el mundo. Y después, convoquemos en son de hermanos a los haitianos y ayudémosles a ser ellos libres también de sus explotadores; a que, lo mismo que nosotros, puedan levantar una patria próspera, culta, feliz, en la que sus mejores virtudes, sus mejores tradiciones florezcan con la misma espontaneidad que todos deseamos para las nuestras.
Hay que saber distinguir quién es el verdadero enemigo y no olvidar que el derecho a vivir es universal para individuos y pueblos. Yo sé que Uds. saben esto, que Uds., como yo, aspiran a una patria mejor, a una patria que pueda codearse con las más avanzadas del globo. Y no la lograremos por otro camino que por el del respeto a todos los derechos, que si están hoy violados en Santo Domingo no deben ofuscarnos hasta llevarnos a desear que sean violados por nosotros en lugares distintos.
Yo creo en Uds. Por eso he sufrido. Creo en Uds. hasta el hecho de no dolerme que Marrero mostrara a Emilio el papelito que le escribí con ánimo de beneficiarlo y sin ánimo de molestar ni por acción ni por omisión a Emilio. En todos creo, a todos los quiero y en su claro juicio tengo fe. Por eso me han hecho sufrir esta tarde.
Pero el porvenir ha de vernos un día abrazados, en medio de un mundo libre de opresores y de prejuicios, un mundo en que quepan los haitianos y los dominicanos, y en el que todos los que tenemos el deber de ser mejores estaremos luchando juntos contra la miseria y la ignorancia de todos los hombres de la tierra.
Mándenme como hermano y ténganme por tal.
Juan Bosch.
(En: Para la historia, dos cartas, Santiago, República Dominicana. Editorial el Diario, 1943, pp. 3-8)
Juan Emilio Bosch y Gaviño (La Vega, 30 de junio de 1909 – Santo Domingo 1 de noviembre de 2001). Ensayista, cuentista, novelista y político dominicano. Fue el primer Presidente Constitucional de la República Dominicana elegido democráticamente luego de la muerte del dictador Rafael Trujillo en 1961. Fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939 y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en 1973.

Presentan en Santiago Oeste la Red de Jovenes Activos

 El 31 de enero pasado se celebreo en RD el Dia Nacional de la Juventud, conmemoracion que fue aprovechada por CIDEL y Fundacion Solidaridad...